domingo, 23 de octubre de 2011

Daño...

Una palabra que asociamos casi sin darnos cuenta a dolor, angustia, rabia... sentimientos que van de la mano de una simple palabra, ese es el poder de las palabras, un poder que todos podemos utilizar, pero que solo tiene efecto en los demás si sabemos que decir y en el momento en que decirlo (es evidente que la manera de decirlo es de vital importancia también).

Personalmente, al dedicarme durante gran parte del día a confeccionar cadenas de palabras que salen disparadas de mi mente atropellándose unas a las otras como si de una estampida se tratase, paso mucho tiempo buscando la diferente manera de decir una cosa. No solo busco la manera, pero es lo que mas tiempo me ocupa.

Las palabras siempre están con nosotros, desde el día que aprendemos a hablar, luego a leer y escribir, nos vamos rodeando lentamente de ellas. Las convertimos en algo tan necesario y vital que solo con ellas se pueden evitar conflictos o solucionarlos, y por ello tenemos una palabra (mas de una dependiendo del caso) para definir todo lo que nos rodea, o casi todo. 

En la actualidad, la "evolución de la vida humana" (por llamarla así, dado que no comparto que algunos avances en nuestra sociedad sean para mejor) lo que si que está haciendo es que vivamos mas deprisa, y convenciéndonos de que es bueno vivir a la velocidad que nos imponen. Volviendo a lo que iba a decir, daño, eso es lo que estos días y muchos mas días anteriores veo en otras páginas web y alrededor de donde vivo. La gente ya apenas se preocupa de las palabras, no es que yo sea un obsesionado con las palabras pero una cosa es comerte una tilde y otra destrozar la palabra por completo. Eso es lo que veo, canis que no tienen ni idea de escribir y menos de cosas de conocimiento general. Ese es el daño que yo quiero evitar, por favor, amad a las palabras no las destruyáis.

Este es un tema del que hablas un sábado a las tantas de la madrugada mientras otras ideas revolotean en tu cabeza. Gracias por vuestra atención. Bless

miércoles, 19 de octubre de 2011

Me enseñaste a perder, pero no a perderte a ti

Porque en esta vida, tan rápida y efímera, tan puta y tan bendita, llena de contradicciones en ella misma, todos en algún momento tenemos que decir adiós a personas que queremos, sobre todo cuando son personas tan grandes como las abuelas, personas que siempre hablaron desde la voz de la experiencia, por una vez en mi vida, lo único que puedo hacer es rezar (siendo agnóstico, es un tanto extraño) pero con la esperanza de que por lo menos, si hay una oportunidad de que las cosas salgan bien, pues que salgan. Porque me enseñó a perder, pero no a perderla a ella, y no quiero hacerlo.