A veces cuando arriesgamos demasiado tendemos a caernos y darnos de bruces con todo el dolor que conlleva, pero no siempre es dolor físico y las caídas son reales.
Unas cuantas, las mas grandes, suelen ser psicológicas. Caídas que te hacen pensar y reflexionar sobre hacia donde estas llevando tu vida, la manera de llevarla adelante y tratar de hacerla menos complicada. Lo peor es ese tipo de daño, un dolor que te quema por dentro, te consume y hace que pierdas las ganas de hacer cualquier cosa, en resumen, es como perder las ganas de vivir. Y tras unos cuantos días/semanas (cada cual necesita mas o menos tiempo) se repite el mismo proceso que en otras ocasiones, volver a levantarse de nuevo y cargar con tu peso para continuar este pedregoso camino que es la vida. Porque si te rindes, tu futuro se desploma, y todo lo que importaba pierde su esencia y su sentido.
La muerte es el camino fácil, lo difícil es vivir pero esto no es un juego y no hay trucos para ser indestructible ni tener todo bajo control. No se trata de tener todo bajo control, si no de adaptarse a lo que te ofrecen y moldear tu vida alrededor de esas ventajas y obstáculos para tratar de hacer lo difícil un tanto mas fácil. Nadie dijo que esto fuera un camino de rosas ni que a nadie le tocara sufrir mas, porque si algo es seguro es que la vida nos jode a todos como dijo en su día Kurt Cobain.
Con el paso de los días siguientes se recupera la autoestima y vuelves a tener ganas de salir con los amigos y hacer tonterías y moverte mas. Algo que se aprende es que una sonrisa no cuesta dinero y con ella puedes hacer felices a otras personas.
Por lo tanto después de tanto malestar, toca destrozar la oscuridad con una sonrisa
SONRIE